ALEGORÍAS DEL SILENCIO I
Me dijeron que alcanzara una estrella con la mano.
Comencé por subir a los tejados, para alcanzarla. Continué
escalando montañas. Me empiné sobre las crestas de las cor-
dilleras, allá donde no llegan los cóndores. ¡Y la estrella? Cada
vez más lejos de mi mano. Eso soy: simplemente un impulso, llama
desprendida del leño, eterno peregrino que siempre busca y nunca encuentra.
¿Cuándo habrá para mí un planeta o una patria donde descansar y dormir? Te
aclamo y reclamo. Te afirmo y confirmo. Te exijo y necesito. Te anhelo y conjuro.
Te añoro y ansío. Mis alas están ya fatigadas de tanto volar. En este atardecer de
de oro, ahora que se apagaron los fuegos del día y la serenidad inunda la tierra,
suba hasta ti mi humilde súplica: tú que sostienes los mundos en tus manos, calma
y colma todas mis expectativa
s. Tengo sueño. Quiero dormir.
Oscar_M



