|
MAR_LY
|
 |
« : 19 de Noviembre de 2006, 02:59:23 » |
|
]¿Qué pasaba por tu cabeza mientras descargabas esa ira contra mí?; ¿Qué era lo que te movía a hacerme tanto daño?. Me lo he preguntado tantas y tantas veces. Aún ahora después de tanto tiempo. Aún hoy que ya no puedes dañarme más. Me lastimaste tanto que creí que jamás me recuperaría, que temí que mi alma estuviera llena de encono hacia ti; por el resto de la que creía, sería mi atormntada vida. Aún en la actualidad, no puedo entender cómo alguien a quien consideras tu padre, a quien admiras y amas incondicioa lmente,- con ese cariño tan propio de un niño- es capaz de hacernos tanto daño, tanto físico como mental; y destruir de esa manera tu vida emocional. Te quería o, quizá, ¿aún te quiero?. Eras un titán ante mis ojos. Mi ejemplo.... mi guía. Recuerdo que al principio, después de que dejabas mi piel lacerada por los golpes, con ese cinturón que llevabas tan bien acomodado y al que mis ojos observaban con terror, mientras lo soltabas de tu pantalón; sabiendo de antemano cuanto perjuicio me provocaría sostenido entre tus manos; disculpaba ese procedimien to tuyo de enmendarme. Me figuraba que debías sufrir mucho con cada golpe que embestías; porque estaba seguro de que me amabas. Me proponía reformarme,- aunque no tenía muy claro que era lo que hacía mal- te juro que aplicaba todo mi empeño en ser mejor. Nada realizaba que te complaciera , por más que me esforzaba en hacer las cosas bien; en demostrarte mi cariño. Ni siquiera conseguía que tu mirada se suavizara, que tus labios se relajaran en una sonrisa que....¡No sabes como deseaba!. Buscaba casi con desesperación algún gesto tuyo que me indicara que lo estaba haciendo bien. Sin embargo, todo empeoraba cada día. ¡Si al menos hubieses estado ebrio! ; tal vez en mi interior trataría de justificart e; pero nunca bebías una sola gota de alcohol. Estabas dolorosamen te....en tus cinco sentidos. Y no era solo eso; aún debía soportar tu maltrato psicológico; que para mí, era el más doloroso. El que me hacía rodar lágrimas que provenían de mi aflicción, de mi dolor, de esa impotencia, de ese cúmulo de sentimiento s encontrados que emergían desde lo más profundo de mi ser. Cuantas veces no lograba conciliar el sueño y al abrigo de la noche lloraba despacio; temiendo ser escuchado; intentando disimular mi dolor a mi madre que, -pensaba entonces- no tenía culpa de esa vida confusa y torturada en la que habías convertido mi existencia. Recuerdo que cuando mi madre se veía en la necesidad de salir y tú te quedabas en casa a "cuidar" de mí; mis piernas empezaban a sentirse débiles. Me aterrorizab a hacer algo mal . ¡Y cuan mayores eran mis castigos en duración e intensidad cuando mi madre estaba ausente!. Hubiera deseado gritarle...¡Mamá; no te vayas, no me dejes aquí con él; le tengo miedo! . Mas mis palabras no podían surgir de mi boca, que se secaba mágicamente, al mismo tiempo que los latidos de mi corazón se aceleraban. ..en el instante mismo en que sabía que me quedaría solo contigo. ¿Por qué no lograste verme como a un hijo, si me recibiste a la edad de tres años?; ¿Por qué, además me negabas algún consuelo, algún apoyo alejando a mi madre con mil pretextos indisgestos que te venían a la mente?. Me sentía tan solo. Conforme fui creciendo, fueron desarrollándose en mí, un rechazo hacia ti; un resentimien to que se alimentaba con el sufrimiento que padecía a tu lado, día a día. Mi madre, en su afán de evitarme maltratos, me retenía en internados cuando le era posible. En vacaciones, -mismas que esperaba deseoso para ver a mi madre, y tal vez con la esperanza de que algo hubiese cambiado en tu actitud hacia mí- simplemente, me enviaban con sus parientes; de "visita", a otra ciudad. Empecé a ver a mi madre de forma distinta también. Me preguntaba ... .¿Por qué lo permitía?; ¿Por qué toleraba que maltrataras a su hijo, sin ponerle remedio? ; ¿Te quería a tal extremo?. Eran tantas las preguntas, las dudas que se agolpaban en mi mente infantil. Viene a mi memoria el primer día que reproché con enojo tu maltrato, que te enfrenté por unos instantes.. .. A mi madre se le habían perdido unos pesos, que recordaba haber dejado sobre una mesa. Y por supuesto, el culpable... Yo! Cuando negué haberlos tomado, me golpeaste con tu mano empuñada dando un fuerte golpe sobre mi rostro. ¿ Lo recuerdas?. Mi nariz se hinchó casi de inmediato y comenzó a brotarme la sangre una vez más injustament e. ¡Que dolor!; pero no...no me dolía el golpe mismo más de lo que me dolía esa mirada reflejada en tus ojos, esa mirada que jamás entendí; pero que me lastimaba tanto. Empuñé mis manos adolescente s , ya casi siguiendo tu ejemplo, y te dije mirándote directament e a los ojos por primera vez; sin miedo ya..."Espera a que crezca un poco más, solo un poco más"; y me alejé sintiendo como la impotencia se adueñaba de mí nuevamete. Más tarde, escuché a mi madre decirte que había encontrado el dinero en la bolsa de su abrigo. Me pregunto si al saberlo sentiste algún remordimien to. Creo que no. Ahora; cuando te miro así, casi indefenso; me doy cuenta que no siento rencor por ti. Que he logrado echar fuera ese sentimiento que tanto me dañaba. Y me pregunto, si llegado el día en que me necesites voy a extender esa mano que empuñé una vez amenazadora ....ahora, para brindarte ayuda. Y, ¿sabes lo que más me sorprende?; ....¡creo que lo haría!
Marly   
|