Dulce Virgen mía,
que hoy estás en el Rocío
y mañana en el Pilar,
que te encuentro en el camino
y, ahí arriba, en el altar.
Redentora de cautivos,
Reina y Madre Celestial,
salvadora de marinos
y del alma manantial.
Salud devuelves en Lourdes,
das en Fátima Piedad,
protección en Covadonga
y consuelo en Monserrat.
Eres la Blanca Paloma
de los fervientes romeros,
eres la Gran Redentora
del que sufre cautiverio,
eres la Rosa que aflora
dando belleza al Misterio;
eres Tú, ¡oh Gran Señora!
del creyente Magisterio.
Eres fuente de Esperanza
para el que sufre dolor,
eres de la Fe una lanza
que nos traspasa Tu Amor.
Ángel Vázquez



