Pido silencio por favor amigo que me escuchas
tú que una vez sentiste el amor dentro de ti
y celoso muchas veces porque la amabas
sin contemplar en nada la quisiste para ti
Era niña aun cuando nos conocimos
y sus labios puros no habían pecado,
una noche, no sé, nos vimos enamorados
y desde aquel día ella me ha amado.
Eramos dos enamorados muy felices,
vivíamos del amor sus alegrías
sin saber que la vida y sus deslices
nos conducen a un mundo de idolatría.
Y apareció en el camino de la vida
un hombre sin fe, sin corazón siquiera
que fingiendo que ella era su elegida
robo su corazón y se quedó como una cualquiera.
Y viendo yo que en este mundo incierto
el pobre no tiene nada, el rico lo puede todo
me quedé sin amor, me quede en el desierto
con fe a medias y el corazón deshecho.
Imploraba yo a mi Dios que me llene el alma
con sabiduría, con paciencia y con amor,
pues mi cuerpo buscaba la paz, la calma
no podía soportar ese cruel dolor.
Muchas veces yo pensaba que era mía
y una noche con miedos en mis pasos,
me dirigí a su alcoba a robarle su alegría
pues al verla que estaba sola me aferre a sus brazos.
Y ella que no olvidaba que fui su primer amor,
cogiéndome con sus manos de ciño a su pecho
- donde estuviste amor – me decía con dolor
y ambos sin comprenderl
o nos vimos dentro del lecho.
Y muy suplicante ella pidiome – hazme el amor –
y yo que tanto la amaba por fin la sentí mía
pues llorando me decía, - nunca me dejes por favor,
yo fui tuya, seré tuya no quiero la agonía -
Intentando escapar llego aquel vil ignorante
que al ver la escena aquella, cogió un puñal reluciente
y corrió hacia ella seguro de alcanzarle al corazón
cobarde si has de matarle- le dije- mátanos a los dos.
Alcance a decir aquello, queriendo yo contenerlo
pero sangrando la vi a la mujer de mi vida
cobarde – eres cobarde – al amor hay que comprenderl
o
porque me robaste tú si era mi elegida.
Esa niña que era antes, hoy toda una jovencita
retorciéndose de dolor, la vi en el suelo tendida
no sufras niña bonita, no sufras mi preciosita
que este vil y criminal tiene la muerte pedida.
No me dejes morir – pedía muy consternada
la mujer que en una noche me dio todo su amor,
cogiendo un trapo sencillo, ligué pronto su herida
salí muy pronto en su busca, de ese criminal de amor.
Jadeante ya y con los pasos rendidos
ingrese a una casucha queriendo yo descansar
mas en un rincón estaba con los ojos perdidos
aquel hombre que yo buscaba para poderme vengar.
No dije nada y con un puñal, desgarré su pecho,
volví entonces a buscar a la mujer que era mi luz
y encontrándola con vida le dije - tu no debes morir de hecho -
pero hoy en esa casucha vieja queda solamente una cruz



