Un viernes de madrugada, en una de mis llegadas, de mis noches de soltería, que en realidad no es lo que desearía. Llego triste, borracho y apagado, por el tormento de no ser amado. Cuatro de la madrugada, madrugada envuelta en la nada y con la triste melancolía, de encontrar mi cama vacía. Me muerdo los labios pensando en lo indispensar
io, que es tener a alguien a mi lado. Me acuesto acuesto molesto, por no encontrar unos besos, que me provoquen el sexo. De nada tienen sentido unas copas de vino, con el dolor repentino de no tener un abrigo. Noche de música y alcohol, embriagado de dolor, queriendo inhalar tu amor. Me acuesto en mi cama y siento la almohada aferrada a mi alma, sabiendo que nadie me ama. Mis manos temblorosas, no hacen otra cosa que invitarme a escribir, para poder describir, lo que no me deja vivir. Soledad maldita que tanto me agitas, dejame ser el artista de una prosa bonita. LLueve en mis ojos causandome enojo, el marchitar de mi palpitar, queriendo encontrar a quien amar. Dios omnipotente que controla mi mente, no me hagas un demente, por lo que mi corazón siente. Otra noche más de sábanas mojadas, mojadas de lágrimas de impotencia, creandome demencia y pidiendo a Dios clemencia. Mis manos se debilitan, por el sueño fatalista, de una noche independent
ista. Cuanto no daría, por tener compañia y al amanecer poder decir: Te Amo Vida Mía! William Esteban.



