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ALEXTIN
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« : 18 de Abril de 2008, 04:55:37 » |
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Era una noche de aquellas en que el hastió las hace insoportabl es, una noche de verano, calurosa y agobiante, el Chat hasta ese momento resulto infructuoso para mis fines, solo pretendía conversar con alguien o tal vez, con la mujer que viene a mis sueños y con su sonrisa cubre todo mi universo, aquella mujer de negra cabellera alborotada con grácil desenfado, la que camina descalza por la playa vestida de níveos tules, a los que el viento ondula sutilmente…, no esperaba tanto, simplemente quería una conversación, amena y cordial, me dije un intento mas y si no mejor un libro, de pronto vi un nick que llamo mi atención, ASCUE, no me decía nada y tal vez por esa razón fue que quise saciar mi curiosidad, le envié un mensaje privado "Hola, podemos conversar" , no esperaba una respuesta, teniendo en cuenta la aburrida noche que pasaba, para sorpresa mía leí su respuesta "Hola" y después de un intercambio de nombres y saludos, me contó que también era peruana, de Lima, eso termino por despertar mi interés, le pedí su Messenger y acepto, a los pocos minutos ya conversábamos por el, dijo algo que me intereso aun mas, ella también corría todos los días, era la primera vez que conocía una mujer que al igual que yo le gustaba el deporte, sus palabras dejaron entrever que se trataba de una mujer sincera y espontánea, vi su fotografía y la verdad, su belleza me impresiono, me despedí de ella pensando en volver a encontrarla, mas los dos días siguientes fue muy difícil conectarme así que ya deje de pensar en ella, teniendo en cuenta que conocí a muchas mujeres en el Chat y a la mayoría ya no volvía a encontrar, al tercer día me conecte y grata fue mi sorpresa al ver que estaba en línea, sentí el jubilo recorrer todo mi ser y después de un breve saludo, conversamos con cierta avidez por saber algo mas el uno del otro, me dio el numero de su teléfono móvil y yo inmediatame nte lo marque, quería oír su voz me quede encantado y así empezamos una relación diaria en el Messenger. y por teléfono.
Nuestra cita ya era inminente los dos queríamos conocernos y aunque me costo vencer mi timidez, acepte vernos el próximo día sábado a las 8 p.m. La noche del viernes no fue precisament e muy buena para dormir me pase gran parte de ella pensando en: ¡Que tal si no le gusto!
El verla fue hipnotizant e, no fue amor a primera vista porque ya sentía que la amaba, antes solo vi las fotografías que me envío, resultaron muy injustas con ella, en persona era mucho mas bella, mas lo que sentía hoy era una sensación indefinible y difícil de describir, en su oscura cabellera se apreciaba aun la humedad de un lavado reciente y a esa corta distancia podía sentir la suavidad y frescura que solo al roce de los dedos es perceptible, su carita espigada me tenia embelesado con esa belleza exótica y esplendida, sus ojos serenos ligeramente rasgados y hermosos, su tierno mirar me dejaba la impresión de escrutar en mi muchas cosas a la vez, sus tersas mejillas parecían modular armoniosame nte los cándidos ingrediente s que lucia su bello semblante. Al subir al vehículo no dejaba de verla con cierta discreción, pese a que estaba sentada al volante de su auto podía apreciar su esbelta silueta y su voluptuoso talle, ella conducía y yo buscaba las palabras para evitar que el silencio nos invada, aunque yo podría pasarme el resto de la noche contempland o su mágica hermosura sin decir una sola palabra, al llegar a la plaza de Surco y después de parquear sugirió que caminemos un poco, la plaza estaba esplendoros a e iluminada en su totalidad, como en un día de fiesta, las farolas esféricas que se hallaban en todo el recinto semejaban grandes bolas de luz en un cielo oscuro y estrellado, sus jardines invitaban a respirar el perfume de la flores, las veredas estaban muy concurridas y a la gente se le veía contagiada de contento por aquella noche fresca y festiva, yo discretamen te no perdía la oportunidad para ver su apuesta figura, cada vez que podía me retrasaba unos centímetros para verla mejor, después de dar tres vueltas a la plaza y cruzarnos con gente de todas la edades, nos sentamos en una banca y lo único que recuerdo de ese momento son sus hermosos ojos, mas que lo que dijimos, debió ser algo pueril, porque no pudo desviar mi atención de sus encantos, la brisa que corría en ese momento fue el motivo para volver al auto, ahí comencé con una explicación de mis sentimiento s hacia ella, me explaye demasiado, al borde de quedarme sin argumento, el silencio sirvió para ordenar mis ideas, ya que la emoción no me lo permitía, nos quedamos callados con la mirada fija, de pronto ella tomo la iniciativa de juntar nuestras manos, ese fue la mejor ayuda que recibí en ese momento, sus labios delgados, finos y sensuales me atraían con un fuerte magnetismo y anhelo ardiente. Fue un beso dulce, suave, divino.
   
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