Entre grises pasos, como la hojarasca,
se derrumba la conciencia del alma que me tortura.
Blanquecino
s y desiertos parajes
de antaño
me devoran en ínfimas porciones impolutas;
no alcanza a ver tu mar que se desmorona
en pudorosos retazos
como líquido yermo de melodías,
como sangre que suelta su amarre sin soga.
No alcanzo a verte
perdido como estoy tras este triste recuerdo,
desnudo,
apresurado en venerarte y aborrecerte y venerarte..
.
Ansío deshacer mi corazón apergaminad
o,
que no haya rostro que no sea huésped
de tus ojos
inquietos,
que no fluya la palabra, ni el deseo,
ni la mansa incertidumb
re de quien vive en el otoño
o en sus campos de violetas tristes;
donde canta la codorniz rezagada no ha llegado
mi grito.
No logro contener mis vísceras entre las manos,
acaso se derramen indoloras hasta el rellano
del marmol frío donde copulé aquella tarde
sin nombre,
donde aborrecen las moscas el pastel de la alacena,
donde un velero se pasea sin estela, perpetuo,
surcando tu espalda.



