Me aferro la existencia de mí Dios, con plegarias que forman eco de mí voz. La es cuela de la vida dá pavor, por los analfabetos del amor. Lo dulce sabe amargo y la soledad descanza en su letargo. Mí cabeza ya no piensa, por el sufrimiento en estridencia . En el alma ya no hay campo, ni verdor, sólo sequía y dolor. Las lágrimas ya no se detienen en mí boca, se deslizán como rocas. Busco en cielo las estrellas, pero huyen de rayos y centellas. Es ya Junio y azota el verano y mí cuerpo como invierno helado. El espacio de mí cama, se torna mayor, donde aspiro el aroma de una flor. Fuerón mis ojos, el reflejo de un tesoro, hoy, el imploro de un añoro. Me siento triste, triste de mí, de las plantas, de las aves y las nubes que me invaden. Triste con momentos felices, sin que el viento me acaricie. William Esteban
... Willian, compañero ¿ qué temer si en Dios vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser, qué temer... ?; pidámosle ayuda de corazón porque él está deseando prestarnos esa ayuda; Él nunca falla, nunca; pero nosotros sí, aunque a veces no nos demos cuenta, fallamos; si nuestros pensamiento
s fuesen buenos, permanentem
ente buenos, seríamos capaces de traer a Dios a nuestra vida en bien pocos días; pero...; por tanto, ánimo, amigo, arriba esa moral, arriba ese ánimo y llama a Dios y cuéntale lo que te pasa; no es que él no te oiga, es que necesita que tengas voluntad para pedirle ayuda; te envío un cordial saludo, amigo; Orión