El dolor y le pena, no los causa Dios,sino las personas, más eso reflexionaló.
He porteado a mi Cristo durante años, esa Semana Santa, que aquí en España, tanto vivimos. Lo he sentido cerca, he sentido sus lágrimas sobre mi cuello dolorido, he sentido su dolor; más poco sufriento a sido el mío, cuando tanto El nos dió.
Un día le pedía a gritos, que me diera una señal, más no llego su voz a mi oido, pero mi sufriento se calmó.
Noche tras noche, le doy gracias, por todo lo que el día me brindó y saber que está ahí me da fuerza, me llena el alma de emoción, más es para mí el amigo al que siempre le cuento todo sin condición. No le he vuelto a pedir nada, pués Él ya se me brindó y lo siento siempre cerquita evitando siempre oir a los que no van con el corazón.
Seamos felices y ahí estará El. Disfrutemos de los nuestros y ahí estará Él. Demos un abrazo al necesitado y ahí estará Él.
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