
¡Qué redoblen las campanas!
¡Vierta el alma la bondad!
¡Qué retumben las trompetas!
¡Reine Cristo en su verdad!
Ha llegado navidad.
Con contrastes abismales.
No todo es dicha, no todo es canto.
Se preparan mil banquetes, deliciosos.
Pavos, puercos, pastelillos, panteones.
Mil regalos deslumbrant
es.
Lucecillas por las calles.
No todo estalla de contento.
No todos pueden comprar algo.
Envolverlos en papeles de colores
con tarjetas y rosones.
Compradores de ilusiones.
Por las calles van legiones
De caritas macilentas,
Cuerpecillo
s mal vestidos.
La tristeza estampada.
La amargura dibujada.
Las manitas extendidas.
Van mirando las vitrinas
de esos sueños tan lejanos.
El osito de peluche.
La muñeca que sonríe.
Los autitos tan soñados.
Caramelos tan deseados.
Mil aromas deliciosos.
Mil manjares coquetones.
Son estrellas tan lejanas.
¡Qué hemos hecho!
¡Arbolitos decorados, villancicos navideños!
Alegría desbordada, esperanza desatada.
Que se compra en los mercados.
Los pesebres ya armados.
Allá un Niño, angustiado nos contempla.
Allá un Niño tristemente, nos pregunta.
¿Qué hemos puesto de presentes?
¡Mil objetos materiales!
¡Sempiterna desventura del humano!
¡No era ese, el mensaje del Divino!
El momento vesperal está llegando.
Y no trae los regalos más preciados.
Tan baratos, sin valores monetarios.
Al alcance de las manos.
Todos ellos quisieran ser tomados.
“Un te quiero a los niños olvidados”
Panecillo al desventurad
o.
Un juguete a los niños de la calle.
¡Decoremos, regalemos armonías!
¡Qué se borren diferencias!
¡Huyan lejos los rencores!
¡Entonemos villancicos!
¡Qué no quede un niño triste por las calles!
¡Celebremos navidades!



