CONFESIONES DE UNA CRUZ.
Voluntad Divina me plantó frondoso,
sobre árida tierra de Ciudad Santa;
Sombra y frescura otorgo piadoso,
al peregrino que con fatigo descansa.
Cuántas veces a la sombra de mis ramas,
se escuchó con gozo tu Santo Mensaje.
Palabras de amor a incrédulas almas.
Indiferente
s a tu voz por tu humilde Linaje.
Erguido y austero purificando la vida,
pasé algunos años brindando frescura;
Más una noche serena la turba enfurecida,
taló con saña mis raíces provocando mi caída.
En esta angustia y agonía aún recuerdo tu llamado;
“Toma tu cruz y sígueme” tu amorosa propuesta.
¿Pero cómo seguirte si mi cuerpo al suelo arraigado?
Aunque en mis adentros, el alma para ti dispuesta.
Y no te seguí mi Señor, me llevaste en tu hombro,
Con amor y resignación cargaste mi cuerpo agonizante.
El duro corazón del hombre con odio a tu amor responde,
aceptando cómo rey a sanguinario romano ignorante.
Gracias mi Jesús por que viví tu prolongada agonía,
Me cubrió tu adorada sangre, me dolieron tus clavos.
Sostén fui de tu cuerpo en tan inclemente orgía
Y tu sacrificio en mi cuerpo redimió los pecados.
Muriendo contigo entre odio y desprecio,
en ensangrenta
do Calvario perpetuaste mi vida,
para salvación al Creyente y condena al inconverso,
inconfundib
le señal de juicio seré en tu pronta venida.
Autor: Víctor A. Arana,
(VÍCTOR SANTA ROSA),
Cincinnati, Ohio, 16 de marzo 2009.



