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Onnold N´Galden
Visitante
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« : 03 de Mayo de 2010, 10:40:57 » |
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La hija del mar, el hijo del hombre y el carpintero vecino.
Pían los pajaritos, entregados al piano, una mañana de verde y primaveral asomo del sol, sobre el balcón oriental, acercándose al Mediodía. Al sur quiere llegar, para rebotar y salir, en el Poniente, en una fotografía. El ocaso merece un cuadro del pintor. La noche llama a la Luna, como flash de una cámara que no existe.
Se nos ve, desde las estrellas, y por eso ladran los perros, al escuchar algún ruido. Tan lejos, pero aquí abajo, se nos puede vigilar. Nuestras manos llevan las riendas de nuestras vidas. Es en base a la obra, como se vive de manera ejemplar.
El carpintero vecino obraba en su taller o carpintería. María, la hija del Mar, ya no cantaba a los navegantes, sollozos hipnóticos, ni tenía escamas o cola de pez. Ya no era una sirena cantarina. Y parió a un niño que quería pescar a los hombres. Quería redimir, en su red...
A las ovejas de Israel, y después, a las ovejas griegas y africanas. Bajo la religión del olivo. Pues la tierra que mana leche y miel, también requiere de aceite, para freír salmonetes, calamares y sardinas. ¿Cómo espiar a este excelente jugador de ajedrez, que con 12 años, habló a los sabios?
Se daba cuenta de inmediato, el muy... Mesías. "Que no me espíes, mamá." Ella le siguió, durante toda su infancia y adolescenci a, juventud y madurez, y muerte y resurrección, y después, convivió con Juan, que era un hombre innovador y tranquilo.
Un hombre sensible. Juan se llevaba muy bien con el hijo del hombre. María espiaba a Juan, pero Juan solía escribir en chino. Juan era tan inteligente, como para despistar. A Juan no le podía ganar Pedro, ni Santiago el Mayor, a la hora de la Ortografía.
Juan vio un cordero. Juan vio una ciudad. Juan vio la Nueva Jerusalem. Por eso, le llamaron águila, puesto que veía. Veía y veía. Y veía. No espiaba. Simplemente, volaba, con su imaginación. Apartándose del mundanal ruido.   
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