|
Onnold N´Galden
Visitante
|
 |
« : 22 de Mayo de 2010, 21:19:07 » |
|
Arco iris musical
Van Gogh hablaba de una alta nota amarilla, al pintar un cuadro de un sembrado en la Provenza francesa, que linda al Sur, con el mar. Algunos colores están alterados, y algunos sonidos, también. Por ejemplo, una guitarra clásica, respecto de una guitarra eléctrica. Los colores se pueden mezclar, entre sí. También, los sonidos. Hay orquestas que interpretan divinamente, los momentos de tensión, de un barco en altamar.
Y hay pinturas muy solemnes. Ya que representan a la gente de hace cientos de años. Y esa gente, por fortuna, se dejó pintar. Hoy día, está la fotografía, para captar el enfoque. Abunda la práctica de representar la realidad, tal y como es. Lo vemos en el cine, y en la televisión.
Ahora bien, una pieza de música nace del interior. No es un calco de un paisaje, o de un viaje. Sino, más o menos. Como el oficio de esculpir.
Entonces, a la hora de someterse, uno mismo, a juicio, digamos, personal, no hay nada mejor que pintar o componer música. Ya está en silencio la habitación. Ya no hay jaleo.
A la hora de la verdad, ¿No es más agradable, dormir? Bueno, pues así es como Van Gogh se fue volviendo loco. Porque pintaba muchas horas, cada día. Mozart se fue volviendo loco, también. Tocaba y tocaba el clavicordio .
De ahí, que, como terapia, esté muy bien. Pero, como oficio, sea duro. Es duro verse uno tan pequeñito. Pero también, se hace más humilde.
Y ya está. Este relato corto es un modo de narrar mi liviana experiencia artística. Conozco la obsesión por gustar, o a través de una obra de arte, o a través de uno mismo. Yo gusto. Pero no siempre. No me queda más remedio que disfrutar de otras gentes, maravillosa s, y de sus obras.
¡No quiero volverme majara perdido!
Y así es cómo... Un día juego al ajedrez. Otro día, toco el piano. Luego, al día siguiente, salgo de paseo. Puedo estar pintando, durante media hora, por la noche. Puedo jugar, con mi hermano Pablo, al baloncesto. Me ganará, y es catorce años menor que yo.
¿Y qué? Disfruto de poder meter cinco canastas. Él mete doce.
24-10.
¿Jugamos un 21? Un veintiuno consiste en llegar a 21 puntos, y en meter una canasta de 2 o de tres puntos, y luego, proseguir, desde la zona de tiros libres, en que valen un punto. Si alguno llega a 20, y luego encesta, de dos en dos, ya ha de seguir hasta 31.
Es lo justo. Nada más. Y no obsesiona. Un menos 3 consiste en hacer una jugada, y que el otro la copie, y si encesta, se ha librado. Pero si el primero encestó, y el segundo no, lleva menos uno. Luego, otra vez. Hasta que quien tenga -3, ha perdido.
¡Y ya está! No es hasta -40, humillante y lejos, dos horas seguidas. Por eso, pienso que la genialidad está, cerca del cabreo, del enfado. Del coraje, de la cólera. Porque hay tantos días que no sale bien, lo que uno está intentando hacer, para gustar...
¡Gustar a todo el mundo, mundial! ¿Cómo? Es imposible.   
|