Una mujer envuelta en su sol
y la liviandad de su vestido luminoso.
una mujer con la luz bajo sus pies
y con sus ojos como candelas
-su cabeza como flores siempreviva
s-
que me asalte así, de repente,
que esté encinta de mis pesares
que grite mis sufrimiento
s cual si fuesen partos.
Yo espero una mujer que me enseñe
el canto ese de mis venas y el ritmo de la sangre,
venga pues a secar lágrimas una vez llovidas de mi corazón
y me diga que soy bendito
sólo por ser quien soy
y bendito es el fruto de ser tan sólo humano.
Una mujer que enjugue mis espinas, mis manos, mis clavos,
me dé algo de agua que aclare la garganta
lave mis pies de caminos desparejos y peregrinos
y con sus ojos como candelas misericordi
osas
ahora y en la hora de cada dolor de mi alma
yacidos como clavel del aire de mis huellas,
me alivie con su mirada,
me diga que estoy vivo y bello
como polvo maravilloso de esta tierra,
aunque signifique no saber cuándo acabará esta agonía.
Una mujer envuelta en su sol
que me devuelva a la luz llena de gracia,
me abrace como a un refugiado, desesperada
mente,
y después de esta pesadilla: amanecer.
Todo ya es demasiado: el tiempo es un enorme abismo.
Demasiado para un solo hombre con una gota de amor,
una cordura, un solo corazón.
Una mujer que golpee la puerta conmigo,
lea mi contraseña por mi largo camino
y en su nombre
entrar por la puerta de su casa
que es la casa de todos
ahora y en la hora de la luz infinita,
que me diga una sonrisa sobre mi cuerpo
y entonces
sabré que así será.
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