Foro de Poemas y Poesía, un lugar de encuentro para todos los poetas.
25 de Mayo de 2012, 19:20:15 *
Bienvenido(a), Visitante. Por favor, ingresa o regístrate.
¿Perdiste tu email de activación?

Ingresar con nombre de usuario, contraseña y duración de la sesión
Noticias:
 
   Inicio   Ayuda Calendario Ingresar Registrarse  
Páginas: [1]   Ir Abajo
  Imprimir  
Autor Tema: mi vida en el desierto  (Leído 491 veces)
0 Usuarios y 2 Visitantes están viendo este tema.
marco gonzalez
Usuario Avanzado
*****
Desconectado Desconectado

Mensajes: 472



« : 29 de Mayo de 2010, 17:04:31 »



     Los avatares de la  vida, me llevaron a recorrer el mundo, y este peregrinar, la curiosidad me llevó al desierto donde encontré una casa abandonada hecha de piedras en mitad de la nada.
Era algo macabro todo a su alrededor producía terror,  de pronto, una sensación de soledad y un frío intenso recorrieron todo mi cuerpo contrariame nte al gran calor que hacía.
        A pesar del miedo que sentía,  me acerque lentamente a la casa,  había una puerta media abierta roída por el tiempo, ahora sentía escalofrío y mis manos temblaban pero la curiosidad era tal que nada me importaba.
        Abrí con algo de esfuerzo la puerta,  me quedé parado afuera un instante  mientras observaba un lago,  me perturbó mucho más el ver la casa impecableme nte limpia,  todo en orden,   nada tenía que ver con el exterior, estaba muy elegantemen te amoblada al estilo árabe,  alfombras, lámparas, muebles y muchas piezas de arte de gran belleza.
        Aterrado entré a la sala  miré hacia todos lados, no vi. a nadie, parecía una casa embrujada. Cuando estaba a punto de marcharme, una voz me detuvo invitándome a pasar,  mis piernas se paralizaron, no podía avanzar ni un solo paso, era tal el miedo que me consumía que un fuerte nudo impedía emitir algún sonido, las palabras no salían de mi boca.
        En ese momento, se acercó a mí un anciano aristocráticamente vestido, con turbante y  una túnica de un blanco exquisito,  botas planas, camisa amplia y un chaleco,  un aspecto extremadame nte pulcro, lucía una barba blanca, y a pesar de ser un hombre muy mayor  se conservaba muy fuerte y sano.
        Se acercó, me tomó del brazo con mucha suavidad,  me indicó que me sentara en el piso sobre la alfombra, luego se sentó al frente y me habló. Yo estaba paralizado del miedo en su cintura tenía un puñal que llamaba gumía,  una espada pequeña muy común entre los árabes.
        En un perfecto castellano me preguntó mi nombre, cosa que me extrañó mucho. ¿Cómo sabía que yo hablaba castellano? ¿Qué extraño ser era éste?
        Yo estaba cada vez más aterrado, asustado  balbuceé mi nombre,  al notar mi miedo se paró y me trajo un café algo fuerte para mi gusto,  haciéndome seña que lo tomara,  y lo tomé.
        Desde ese momento me vi en un oasis, ún lugar muy bello, como sacado de una historia o  de alguna película,  habían mujeres muy bellas con atuendo árabe. Sus brukas o velos tapaban la cara y su vestimenta.      Ya no sentía miedo, estaba en otro mundo otra dimensión, no pensaba en nada, me sentía parte de todo aquello,  estaba tan absorto mirando a mi alrededor, que no me había dado cuenta que estaba vestido como ellos, y que además me entendían perfectamen te.
        Trataban al anciano con veneración como a un DIOS,  lo insólito de esto era que yo era parte de todo aquello, no me sentía extraño a todo lo que ocurría a mi alrededor como si hubiera nacido y vivido ahí toda mi vida.
        Había más de cuarenta mujeres, y sólo dos hombres, el viejo árabe y yo. Una de las mujeres me trajo agua fresca en un hermoso vaso de bronce.  Ya era el atardecer, cuando me vi junto al anciano orando, extendidos en una alfombra,  lo cual no era normal, no obstante,  en ese momento sentí que era parte del entorno, y éste, el  todo era parte de mi.
        El anciano se me acercó, me dio una espada de oro que él mismo ciñó en mi  cintura  y haciendo una reverencia, desapareció, dejándome  con las mujeres árabes, las mujeres más bellas del mundo,  eran hermosos sus ojos verdiazules, lo único que podía verles, pero de con sólo verlos  intuí que estaban dotadas de gran hermosura.
        Ellas, me trajeron comida de un exquisito sabor, luego dátiles y agua,  se sentaron a mí alrededor mientras comía, como si estuvieran esperando alguna orden mía.
        Llegó la noche y me llevaron a una jaima, una  especie de carpa grande muy elegante.  Una de las mujeres se acostó conmigo, y con ella pase la noche era realmente preciosa, perfecta como nunca había visto mujer alguna,  su piel desprendía un aroma exquisito.  Dormimos juntos toda la noche. Al despertar a pesar del clima del desierto, el lugar estaba muy fresco lo cual era normal en ese oasis natural.
        Las mujeres llevaban joyas fastuosas de modo exagerado,  yo era considerado como una especie de  rey,  sin necesidad de que pidiera algo,  inmediatame nte me era dado como si leyeran mis pensamiento s.  Cada noche se acostaba conmigo una mujer diferente, cada vez  más bella que la anterior, cariñosa y entregada a hacerme sentir bien.
        Allí  viví  un largo tiempo sin percatarme de que eso no era normal. No sé  qué tiempo pasó, pues era tanta la paz y la tranquilida d del lugar que el tiempo no importaba. Jugábamos, reíamos, salíamos a pasear cerca de unas pirámides que respetábamos mucho.
        Al cabo de un tiempo volvió el anciano, las mujeres se alejaron y se fueron a atender al anciano, con mucha reverencia y respeto. El viejo hombre, se  acercó a mí con gran lentitud como si flotara y me preguntó cómo estaba,  le respondí  que muy bien, luego  me preguntó que si me quería ir le dije que no. Me vio con tristeza y me dijo que mi tiempo había terminado que tenía que regresar. Pregunte ¿regresar a dónde?,   una leve sonrisa cruzó por su rostro y me dijo vámonos, repetí ¿para  dónde?, a tu casa replicó. ¿Qué casa? dije, mi casa es esta. Volvió a sonreír me tomó de la mano y de nuevo me encontré en el exterior de la casa de piedras,  extrañado de nuevo todo, el miedo nuevamente se apoderó de mi.
        El anciano se despidió de mí y se esfumó junto a todo cuanto había en la casa, quedando de ella sólo sus ruinas. Salí apresurado, corrí como un loco por el desierto. Llegue a la ciudad de Beersheva, algo azarado  sin entender que fue todo aquello. ¿Qué me había pasado?, estaba seguro de que no había sido un sueño  todo fue realidad. Nunca se lo he contado a nadie pues sé que nadie me va a creer. 
        Hoy día sigo buscando algo que llene mi vacía vida y con el pensamiento me lleva allá a aquel desierto, se avivan en mí las ganas de volver y quedarme allá por siempre. Todavía recuerdo todo como si hubiere sucedido ayer,  ya soy un anciano,  no sé si el que lea esto me creerá o no;  pero lo que viví no fue un sueño, estuve allí, lo sé, el creerme o no, queda a su libre discernimie nto.
En línea

http://i42.tinypic.com/2rei7vo.gif
Foro de Poemas y Poesía, un lugar de encuentro para todos los poetas.
« : 29 de Mayo de 2010, 17:04:31 »

 En línea
VERONICA K.
Global Moderator
Usuario Avanzado
*****
Desconectado Desconectado

Sexo: Femenino
Mensajes: 2350



« Respuesta #1 : 07 de Agosto de 2010, 03:12:13 »

     


Estimado poeta MARCO GONZALEZ

No puedo dar la veracidad de su vivencia
pero tampoco puedo negarla, así que doy
el beneficio de la duda, solamente déjeme
decirle que debieron ser momentos bellos
y únicos por lo que usted relata

Gracias por compartir

Mi consideración y respeto
 
VERONICA K.
     
Te invito a visitar mi Antología Poética
http://www.foropoemas.es/index.php/topic,35352.0.html
 



En línea

Foro de Poemas y Poesía, un lugar de encuentro para todos los poetas.
   

 En línea
Páginas: [1]   Ir Arriba
  Imprimir  
 
Ir a:  

Powered by SMF 1.1.16 | SMF © 2006-2009, Simple Machines
| Sitemap


04 de Mayo de 2012, 18:36:17