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Onnold N´Galden
Visitante
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« : 29 de Septiembre de 2010, 10:32:14 » |
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Era lo que el viento se llevó, por la delgadez, y su sombría y áspera manera de señalar, con su nariz, de pico de ave rapaz, las escaleras, prefiriéndolas al ascensor. Yo estuve tentado de pedirle permiso para escabullirm e, por la puerta de entrada a su bella Mansión. Mas no hallé lo que ella, en apuros, denominaba venia o permiso de invasión de su jardín.
Mandaba sobre todos los reclusos, vestidos de uniforme, y puestos en severa educación. A su disposición, preparaban los mejunjes que la aderezaban, para el bonachón del jefe. El jefe, que era más fuerte que un toro bramador, sí era amigo de los periódicos. En cambio, ella hacíanos quemar los rastros de cualquier estupidez impresa, con el invento reproductor . ¡Gutenberg! Nietszche.. . ¿No hemos aprendido a alimentar el fuego del hogar?
Diminutos éramos, ante su esplendor. Como una ama de casa que usase patines en línea; a veces, nos sorprendía, repartiendo café, y enfundada en una falda corta, de volantes blancos, alrededor. ¡Soy la animadora del pasillo! Y, bandeja en mano, se prefería así, tan generosa, para colmarse de bondad. "No interrumpiré más vuestras zarandajas." Y se marchaba, como un ángel de nuestro Señor.
A duras penas, logré retratarla, al carboncillo, y ella se percató. Me dejó en mi silla, cuadriculad o, mientras mandaba al fogonero echarle, encima, verdadero carbón. ¡Cabrón, hijo mío, cabrón! No me times. No me hagas quemarte los pelos, como a Michael Jackson. Hijo mío, ladrón. Yo me escabullí, finalmente, y regresé a mi esquina, donde suelo apuntar rostros que me fascinan. Y los deletreo, curva a curva.
Son como retratos, a mano alzada. Pero el día en que me encuentre, pues merodea, por la vecindad; seguramente, me mande lavar todas las extensiones de su finca, latifundio andaluz. ¡Andalucía te quiere! Reza su cartel, provincial. Entré, y me recibían con alegría. Preferían que fuese un hombre recio, antes que un guarda forestal. "No queremos gente que tale troncos. No queremos ningún patito feo, aprendiz de castor."
Respondí a su anuncio, que daban en televisión, mandándoles una postal.
Ahora, recibo mi salario, ¡Sí! Pero es que gano para sustos. El otro día, por ejemplo, ¿No va y me dice que tanto foro, ni chicha, ni limoná? Pocas nueces, mucho ruido, y yo qué sé; que me hizo tragar una sopa de gazpacho fría. Tomate picantón. Y mi garganta echaba humo por las orejas.
¡Señora! Y ella, me decía: Cabronazo, no te me encabrites, ladrón. Me miré al espejo y esto es lo que vi. Supongo que ella lleva toda la razón.   
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