No es herejía, no.
Ni por parecer.
Es que no entiendo, eso de Dios,
por la necesidad de tener.
Me miro, y veo, y si no lo puedo ver,
será que sólo me debo a mi merecer.
No es cierto.
Ruega a Dios, nuestro Señor,
que no exista el hambre.
Ruega al dolor, que no duela,
Señor, eres sanador.
O no es cierto.
Señor que me mientes en cada pesar.
Que no eres gente, sólo ilusión.
Eclesiásticamente presente,
del verbo creer.
O no creer.
Es que viven dándote gracias,
por tanto padecer.
No entiendo porque. No sé.
Tal vez no sepa de hambre, usted.
Sabe, me entiende Señor.
O no me cree.
Claro que sabe de sufrir.
Fueron cuatro clavos, los de su sentir,
y una lanza asesina, para saber morir.
Señor, su madre Virgen, sabe de parir,
o de pecado.
O no es pecado mentir.
Señor, usted no es como nosotros,
que resucitó por ser hijo de Dios.
Debería contarle cuantos hermanos,
amigos y enemigos muertos,
no resucitados, tengo,
por no ser hijos dilectos.
O los rezos mienten.
Como hizo, usted Señor.
Como fue que volvió, si sabe el secreto.
Compártalo.
Si siempre dicen que todos somos:
Hijos de Dios.
No me castigue, por favor…
O también debo mentir.
Que no es herejía, no.
Señor.



