De repente te sentí
en la armonía viva,
del bosque que habito.
Miré y te descubrí.
Y el rocío regó
dolorosamen
te mi espacio,
para crecer como ramo
de álamos salados, tan
brutalmente talados
para siempre, te vi.
Y fui neceando, el néctar
dulce como bálsamo.
Entre pasos de azucenas
que bailaban a mi lado,
me enredaban enredaderas,
como telarañas, tu encanto.
De repente te perdí.
Habitabas en mis pupilas
y en mis ensueños.
Dormido en tu costado, me sentía.
Enredados en mi hiedra
triste, desalmada y vacía,
te creí viva.



