EN EL TERCER DÍA DEL HAMBRE DESPERTÉ.
Mi Dios, en los once meses de ayuno, mi mesa no se colmó,
Aunque en crudos olores de miseria, mi fe en ti no se quebró.
Entre las manos desnudas, mi rosario, en esperanzas siempre creció,
Oh, mi Dios de las alturas, hay otros niños de hambre
que te esperan hoy.
Señor yo te agradezco , tus alas me hicieron crecer,
Pero por más vuelo alzado, el dolor de la tierra no puedo perder.
Tus perfumes de justicias en los rosales del pobre no suelen llover,
Aunque los zorzales del amo te enamoren,
Yo sé que a tu pesebre has de volver.
Aún cargamos la Cruz, el Monte del Calvario no se quiere ir,
Sólo el dolor es parejo,, el pan de la mesa no se logra partir,
Duele el hambre de las mujeres tristes,
que en su inmenso dolor logran parir.
Tomados de la mano, rezando el Padre Nuestro,
aún podemos resistir.
Oh mi Dios en los once meses y los cinco panes,
En mi fe siempre te amé,
A pesar del letargo y mis dudas,
En el tercer día del hambre yo desperté.
La Iglesia reparte con el diezmo perdones,
Y a los pobres que su diezmo es el hambre,
Sólo se le ofrece un mundo después.
Oh, mi Cristo de los mil rosarios,
Al costado y en tus espinas yo supe crecer,
Cuando será el día que vuelvas a la tierra,
Y cambies este mundo que está al revés .



