PARA ALBERT CAMUS
En un puente de París
sobre las aguas del Sena
ves morir a tu amor
con su tristeza metafísica
de alas cortadas
sin beso ni flor.
Sin saber nadar te tiras,
chocas brutalmente contra el agua
y despiertas al frío
cogiendo piedras
para tu preciosa muerta,
para lanzárselas a la cara
y así desfigurarl
a,
restarle hermosura
y olvidar su cara,
su voz
y su fantasma.
De repente la besas
con el beso acuático de los ahogados.
Te gusta su sonrisa azul,
sus ojos con la desesperación de los estallidos
y cuando estallas tu,
¡Qué paz,
qué silencio,
qué fin!



