MIRÁNDOTE DE REOJO MIRABA AL INFINITO
Tenía entonces diez años o menos o más,
ya no puedo mirar atrás claramente
pero me veo mirando al mar,
pisando la arena con mis pies ingenuament
e y sin miedo
mientras comienzo a contar todos los granos de arena
y uno a uno voy formando mil mundos en mi mente
y me pierdo y me encuentro y me pierdo y me encuentro
y entonces ya siento que te quiero
y comienzas a crecer para mis ojos
como la sombra sagrada de una dehesa
que mágicamente me abre o cierra el mundo.
Y comienzo a electrocuta
rme por dentro por ti
mientras siento que palabras me sangran por mi boca
y pesadillas escriben mi tragedia
y comienzan a olvidarse de mi vida
mientras yo comienzo a pensar en ti
como el hada benigna que mece mis noches
en canciones de cuna dulces y doradas
que iluminan la esperanza de mi infancia
y le dan el sabor de la vida
que comienza a sentirse en todo su esplendor.
Tenía entonces diez años o menos o más
y ya sentía que algo grande perdía
cuando miraba al futuro y no veía nada
porque quería verte a ti
y no había manera en que te viera.
Y comenzaba a golpear las paredes
y a dinamitar todo posible templo
al tiempo que decía: “o contigo o con nadie”.
Entonces mi mente ya comenzaba a matarme
y por primera vez me vi muerto en sueños
y millones de veces me volví a ver después.
Y tú llorabas muchas veces por mí
al darte cuanta de la inmensidad de mi amor
al que tú no podías mirar sin coger
diciendo que hay estaban vida y amor
en sabio matrimonio con la belleza
que en la tierra sería si la tierra fuese tierra
y no se hubiese perdido desde aquel momento
en que yo la miré y dudé de mí
y al dudar de mí dudé de todo.
Porque algún milagro debe ser posible
y la tierra debe ser otra vez inocente
y volver a jugar como el primer día
que se reveló el misterio del amor
y me quise hundir en la sombra de tu sombra
de la que emanaban esencias de ensueño
de esos ensueños en los que me perdía
mientras miraba las nubes y fabricaba misterios
que intentaba capturar con mis dedos de cristal
para ponerlos amorosament
e en tus manos.
Pero entonces ya vi que el mundo era tan pequeño
que yo no cogía en él si no era tuyo.
Y quise hacerme a tu medida y no supe como
y tenía mil palabras y no sabía decirlas
y tenía oceánicos sentimiento
s
que me golpeaban y golpeaban huracanadam
ente
sin saber por donde salir para ti sin asustarte
ni salpicarte con el exceso de vida y muerte que había en mí.
Y todavía recuerdo las tardes de verano
en que estaba sentado en la hierba a tu lado
sintiéndome tan lleno de felicidad oculta
que quise que el tiempo ya nunca más andara
y ser como una foto eterna en tu memoria
o ser yo el sueño que tú estarías soñando
en ese instante mudo y sordo en el que ni tú ni yo decíamos nada
pero en el que yo invadido de ti soñaba contigo
mientras miraba al infinito y de reojo te miraba
haciéndote a ti una sola con el infinito,
preguntándome en que estarías tú soñando
y como decirte lo que tú hacías que en mí pasara
para que pudieras comprenderm
e y al comprenderm
e quererme.
Pero entonces ya sabía que así no sería,
llevaba en mí algo más grande que el mundo
y su delirio me abrumaba y me dolía
y no podía no pensar en el daño que a ti te haría
y me sentía romper y me quería morir
y me quería esconder en tus brazos o en ninguna parte
o que se inventara un infierno sólo para mí
o que se me diera tu cielo toda una eternidad.
Fue un desfase continuo de sueño y de ideal
en el que dentro de mí se libraron batallas mudas
mientras mi imagen ideal e invisible
perseguía las nubes del cielo y las capturaba
y arrodillándose a tus pies te las ofrecía a ti enteras
y así lograba casarse mi alma con tu alma.
Lo malo es que estando despierto volvía a despertar pero seguía durmiendo,
mientras soñaba y soñaba y la vida desfilaba,
dejándome atrás cada vez más roto y más atrás,
intentando capturar la sombra del sentimiento que sentí por ti,
pues era tan inmensa que justificaba mi existencia
como nada más ha conseguido hacerlo nunca.
Porque yo creo que una tarde de verano,
no sé como ni porque, mientras estaba a tu lado
volé tan alto, tan alto y llegué tan lejos
que no sé como no me morí de felicidad,
pues sé que nunca me volveré a sentir tan bien,
fue la sublimación de vivir una vida entera contigo en mi mente
y quedarme perdido en el laberinto maravilloso de mi ideal.
Y aunque ahora más que nunca quiera hacerlo real
sé mejor que nadie que eso fue como soñar un poema
y que la vida es cruel y por eso nos inventamos a dioses para vivir,
por eso te amo en tu divina mortalidad, diosa mía, por eso.



