Quiero arroparme en silencio bajo tu cama,
Y acariciar lentamente el contorno de tus dedos.
Quiero pensar que me recuerdas,
Que no fui una simple nota al margen en tu lista de caprichos.
Hoy, sin querer te quiero.
Es un te quiero indebido, pues yo no he escogido quererte.
Ya ves, algunos más que otros abundan en suerte.
A veces me lamento y me gustaría quererte querer,
No quiero que pienses que soy muy dado a juegos de palabras
Ni quiero que me digas te quiero solo para que yo me vaya.
No, hoy no quiero nada de eso.
Solo quiero que me mires en silencio,
Que calles y dejes al vacío rodearnos,
Al cielo rodearnos, al aire rodearnos.
Quiero ver ese destello en tus ojos,
El mismo que tiempo atrás veía reflejado en los míos,
Que tomes asiento y me digas que todo va bien.
Quiero un te quiero sonoro,
Que se deje de mentiras,
Que se deje de lamentos.
Quiero que mi te quiero no sea un simple te quiero,
Pues no es un te amo, no es un te adoro.
Lamentablem
ente, no es más que un te quiero.
No es un te quiero viva, un te quiero mía,
Tampoco un te quiero enferma, te quiero en risa.
A veces pienso y niego siquiera que sea un te quiero infinito.
No, simplemente es un te quiero.
Y, arrepiéntame yo mismo por quererte,
Pero no es la primera vez que te quiero.
Antaño, nosotros, los mismos y a la vez tan diferentes,
No nos amábamos, nos queríamos.
Y ese tipo de te quiero nunca rozó mis labios.
Nunca escapó en un suspiro de gozo, de llanto.
Por eso ahora, tarde, te digo que te quiero.
Que a veces querría que fuera un te quiero viva, un te quiero mía.
Y que nunca será un te quiero enferma, sino un te quiero en risa.
Que aunque te quiero nunca lograré que sea un te quiero infinito.
Pero, pobre de mí, solo es un te quiero.



