I
Aun puedo oler la tristeza de sus ojos y la angustia en ese par de labios, era como presenciar un acto de vandalismo cuando se tiene parte del mismo, pero, esto a ella no le importaba, ella era tan solo una silueta errante que viajaba por las calles buscando un sentido para ser, una razón para vivir y un pretexto para morir.
Me es difícil recordar su nombre, como me suele ocurrir con la mayoría de las personas, a nadie le debería importar lo que comiste, lo que bebiste, el abrigo que vistes, el carro que manejas, o los labios que besaste.
Decidí seguir viéndola, contemplándola, amándola por segundos, como gota de rocio que baila en la punta de aquella hoja desafiando a la gravedad, desafiando a su destino. Fue como el amor a primera vista que nunca tuve, como aquel que se recuerda y se pretende olvidar a cada momento del dia.
Ella era una víctima más de aquella enfermedad llamada sociedad, ella era el amor de mi vida y sin embargo, nunca lo supo, pues ella sabía que me era difícil recordar su nombre.



