Hay días en los que todo me sabe a mierda,
pero son menos que los que me saben a coca-cola.
Hay otros en los que el viento sopla más fuerte,
imponiendo a las hojas un rol de ventilador.
Y pienso, ¿Qué importan los secretos de la existencia?
si aquí estamos, y cada vez nuestra realidad es más inmunda.
También hay días, tardes y noches muy claros,
sinceros, egoístamente justos o justamente egoístas.
Como anoche, cuando algo me perturbó el insomnio,
dejando de reconocer las luces, cerrando puertas decoradas con pestañas.
Viajando así, a donde no conozco, ni siento, ni toco,
el ómnibus me trajo de vuelta para la lluvia ácida amarilla, a tiempo.
Fue ahí, cuando el alba me recibió con los brazos abiertos,
esperando un abrazo mío, que nunca hubo
debido a la estreches de mis extremidade
s.
Nunca podré devolverle esos gestos de cariño al alba,
es por eso que cuando cae el sol, apedreo las estrellas,
pero vuelven a fallar los ojos, las manos, y las piernas.



