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Autor Tema: Crisalida  (Leído 857 veces)
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dario_74
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« : 26 de Agosto de 2005, 01:15:33 »



Nada parecía interesante, siempre las mismas cotidianas cosas, sin detalles, ni suspensos, solo la rutina que ahogaba lo que apenas significaba . Por que la casa se había transformad o en algo vacío, con los mismos muebles antiguos, las mismas fotografías y cuadros, era solo un lugar donde habitar, sin vida sin anhelos. Pasaba la mayor parte del tiempo en la silla mecedora, observando la calle, los carros, y los traunsentes, uno que otro le saludaba y menos de alguno le murmuraba algo; solo miraba con su sonrisa idiota, pintada, expectante como si esperara algo o alguien.

Desde que su esposa falleció, su vida se torno monótona, le hacia falta sentir la casa respirar la vida, ya no inundaba su voz aquellas paredes, ni la cocina se alborotaba entre burbujas de frijoles cocidos, arroz, y tibio de leche, aromas suculentos que al pensar extrañaba, el jardín también olvidado, no como cuando ella vivía, lo mantuvo fresco y limpio siempre esperando que aquel rosal viejo diera alguna flor, -es un rosal macho -le decía el, pero ella siempre lo abonaba y le quitaba las alimañas, y la maleza, solo dejaba los capullos de las mariposas reposar como diminutas momias en las hojas del rosal-soy una oruga viejo, cuando muera seré mariposa- le decía sonriente mientras le ofrecía un buen vaso de tibio, y el consentía Con otra sonrisa ante aquellas palabras por que la amaba, la amaba desde que la conoció allá en su lejano pueblito rural, en una venta de tortillas, le pareció divina la hermosa india de largas trenzas azabaches, desde ahí el amo, a ella y a su piel tostada por el sol, a sus ojos, aquellos ojos negros que lo cuidaron en sus noches de fiebre, y lo reprendían en las de guaro. Por eso la extrañaba, sus largas horas frente a la calle, solo era un viaje que justificaba al mundo su ausencia de el; Cuando llegaba la noche se levantaba quejumbroso y lento, buscaba los fósforos y como un rito postfunebre encendía las velas que iluminaban el pequeño altar de sus recuerdos, donde una amarilla fotografía detenía el tiempo de la vida que le arrebato la muerte, luego se iba a acostar, y repetir la sisifica tarea otro día mas.

Se levanto como de costumbre, y se dirigió casi de forma mecánica hacia la sala, para cojer su silla mecedora, pero la hacerlo, algo lo detuvo, en la casa había algo particular, distinto que rompía la rutina de los días pasados, sus ojos buscaron lo que sus sentidos presentían; hasta que una voz conocida le saco de su mimetismo”: Te levantaste haragán!!,Pensé que te ibas a quedar todo el día en la cama",aquello lo dejo paralizado, de repente sintió el aroma en la cocina otra vez alborotada con el hervor de las comidas, la casa le pareció toda luz y alegría, toda vida. El no lo podía creer, ella estaba ahí!, frente a sus ojos hablándole, sonriéndole, cocinando,....se sentó de lleno en la silla, ella tomo agua en una panita y pasando por su lado le dijo:"espérate, voy al jardín, las rosas necesitan agua y las mariposas vendrán volando..."Rosas?-se pregunto- pero ella estaba ahí y si era así también en el estéril rosal pudo haber ocurrido un milagro, la quedo viendo y la persiguió con la mirada hasta que se perdió en el umbral del patio; su corazón latía con febril ansiedad, todo parecía un sueño, ya no estaría solo, ella lo acompañaría otra vez, lentamente sus ojos se iban cerrando, a la vez que ella se acercaba diciéndole:"!ves! te lo dije, ya vienen las mariposas, ya no somos orugas cariño, ya somos mariposas, mira!! Mariposas!!!!
Lo encontraron esa mañana, en su misma silla vieja, tenia en sus labios la misma sonrisa de siempre, pero había un no se que distinto en ella, como de felicidad, pero lo que mas extraño a los vecinos y familiares, fueron la mariposas que inundaban la casa, y sobre todo su cuerpo, y aquel olor a comida recién hecha, y tibio de leche, que se mezclaba con el vuelo rítmico de las mariposas. Y lo mas sorprendent e: en el jardín, habían nacido dos hermosas rosas."

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