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Autor Tema: VIBRACIONES  (Leído 1210 veces)
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Kratylos
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Argentina Argentina

Mensajes: 43


« : 13 de Octubre de 2012, 05:26:53 »

En la astuta batalla de las ondas más insondables del ser nace la existencia.
El suspiro del acero, el llanto ignífero de las espadas, ¡oh, minúsculos truenos de candor!, nos llegan con un aire quemado al mundo exterior de las vastas sensaciones doradas, oscuras, rojas, azules y amarillas, ¡el escarlata y el verde nos recorren infinitamen te por los poros del Sahara!; así, el rifirrafe se hace apenas perceptible .

El Temor, con su leve marea baja y apacible da forma en forma a las esculturas de sombra en sombra que se rigen en el núcleo ardiente de nuestro ciclo de sal y de arena, ¡el gobierno de lo inaudito! Y como llamas ingobernabl es -la catedral del fuego-, se posicionan en altiva pose frente a los cañones del agua fría.
Oh, bestia insospechad a, animal de instintos crueles y de rabia de estaño, de plata y de bronce, ¡de oro las iras lilas que se derraman entre tus colmillos como una catarata impía y tormentosa!, ¡ah!, ¡temor, temor!, ¿dónde se han ido los látigos cándidos y calcinados que a tu agria hombría podían apaciguar?
Entrelazado con la fiera, el Miedo, la hembra andrógina de las raíces más prístinas de un mundo ya derrumbado, camina sobre las profundidad es del océano azul, sobre los escombros de la antigua Atlántida, entre las columnas de los antiguos mitos, entre los misterios más oscuros de las leyendas más borrosas. Ni cien ni diez, ni un millón de estrellas caen en la noche, sólo mil sueños se desvanecen en un mito, el inquebranta ble miedo hacia lo desconocido . Hay quienes, osados, intentan asesinarlo. Lo inexistente vive, sí, y puede ser asesinado. Otro gran crimen en la metafísica de la humanidad: el miedo no existe. Así será visto detrás de los ojos de su verdugo, una hiena azul, una delgada pero feroz bestia de hierro, incisivos de un mármol secreto y ojos de luna llena, como el último lobo que fue masacrado antes de su gran obra, el crimen perfecto: darle vida al nuevo amor.
Miserable el público que no llore y penoso quien no pueda ya llorar. La lástima de desgracias inoportunas que se yuxtaponen sin conciencia, sin una razón metalizada ni un alma que ya fue; oh, criaturas de dos caras, bestias de dos clases: la raíz y el fruto. Toda raíz es vulgar, y todo fruto, hermoso. La belleza y su antónimo. Sabrán deducir, entonces, que hasta ella se marchita. Y los frutos de la tentación y el alivio púrpura caen derrotados ante la tiranía de la gravedad, la manzana y la vid, ¡todo al fin se arruga!, el sol con llamas, la luna con cráteres, ¡oh, la ojeras de sus cien ojos!, pero, ¿no es acaso todo más que una ilusión?
He visto peces que jamás había visto en mi vida, he visto pulpos jugand-o al ajedrez, algas eléctricas y rayas fantasmales, tiburones de terciopelo azabache y cangrejos de marfil; la bondad y la maldad no existen.

El Amor, con sus rebeldes y rabiosas olas tempestuosa s, de apariencia delirante y de formas tormentosas, marca el ritmo de la melodía, de toda vida y toda muerte, de todo este eterno presente: del gran día.
¡Oh, fuego divino!, ¿quién será capaz de bailar a tu ritmo y a tu par?, ¿quién no se quema ante tu suave beso?, ¿quién, quién? ¡Oh, dulce amor!, lastimas tan dulcemente, ¿quién, inseparable a ti desde los principios de la esencia, podría detestarte? Hay palabras despectivas que te escupen, querido Amor, mas eres impenetrabl e como el viento que moldea las nubes soñadoras, o como los sueños (de las viajeras nubes) que apenas vislumbramo s.
Aquí estoy, querido, siempre para ti. Un uno, un todo, un mismo: un siempre. Jamás nos abandones, querido, jamás.
¿Cómo puedo yo, criatura nocturna, desentrañar los misterios del Amor?, ¿acaso me crees tan lúcido o tan cruel?; la belleza del misterio: intocable.
Un coro de ensueños canta con lagrimales ondas de sonidos inefables hacia oídos desconocido s, la perla de sangre cae de los cielos negros una noche de llena luna, y un diamante azul, brillante, tiñe de resplandore s efímeros lo etéreo de lo bello en un hondo azur de rabiosos misterios impasibles. - El corazón que baila y canta, salta y silba, juega y sufre, devora sus propias pasiones y con deseos majestuosos alza su reinado: el lúgubre castillo medieval de penas en secreto, de fúlgidos placeres momentáneos y prisiones oscurantist as, el tenebroso reino rebelde del amoroso Amor indomable, el gran rey de la gran selva: el León de Oro alquímico: La Quimera.

Tras la sangre derramada, tras cada corazón que algún día dejó de latir, tras cada hombre caído, tras cada mujer desilusiona da, se levanta un brazo indómito: quien jamás se rinde. La justificación de la vida.
Una gigante égida de dibujos entrañables se suspende en la línea final, el horizonte de la victoria. El éxito no existe porque no existe la derrota, clama el desterrado Rey. El final está próximo, y nosotros estamos allí. ¿Ves aquel pájaro cantar?, oye su secreto, que el movimiento evidencia el sueño, y la música, las arquitectur as invisibles de aquellas vibraciones eternas que fueron emitidas aún antes de la misma Creación. Y te veo..., te veo...
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